Luis Francisco Pérez

We thank to the commissioner and art critic Luis Francisco Pérez, for the beautiful words about the exhibition “TIERGARTEN. A GERMAN ROMANTIC GARDEN”

https://www.facebook.com/luisfrancisco.perezredondo/posts/2308907925833554

.

Amparo Garrido, “Tiergarten”, Espacio Jhannia Castro (Porto)
.
Unos versos de un famoso soneto del poeta isabelino John Donne nos pueden servir para contextualizar –si no mejor, de otra manera- las obras en soporte fotográfico que conforman la serie “Tiergarten”, realizada por la artista Amparo Garrido y con motivo de su exhibición en la galería “Espacio Jhannia Castro” de la ciudad portuguesa de Porto, y a la que fui amable y generosamente invitado para la inauguración de la muestra. Pero volviendo al bardo inglés recordemos esos versos que a mí siempre me han parecido ejemplo de una rara belleza poética, especialmente al estar dotados de una precisión, entre irónica y humorística, más propia de nuestro escéptico y desencantado presente que de un poeta que vivió entre los siglos XV y XVI. Siendo el escenario de esos versos un precioso y salvaje paraje idílico le dice Adán a su compañera Eva: “Y para que este lugar, amada mía, sea un auténtico paraíso también te he traído a la serpiente”. Tan auténtico (me refiero a que la serpiente es pura naturaleza) y singular regalo nos ofrece, a modo de obertura visualmente muy expresiva, la posibilidad de adentrarnos en las especiales características que se manifiestan en estos “románticos” trabajos. El entrecomillado es precavido y defensivo: tan poderoso adjetivo admite muchos registros y muchas formas de enunciarlos. Por lo demás, la palabra alemana “Tiergarten” (“Jardín de animales”) hace referencia al popular parque público que se encuentra en el centro mismo de Berlín. Allí también se encuentra el zoológico de la ciudad, con lo cual tarde o temprano nos volveremos a encontrar con la deliciosa serpiente con que Adán demuestra su amor a Eva.
Amparo Garrido caminó por los senderos y claros del bosque del “Tiergarten” en diferentes ocasiones y en estaciones diversas, como se puede perfectamente comprobar por el registro de los colores utilizados en su “paleta pictórica”. Las fotografías de esta serie, entonces, son el resultado creativo de un “perderse” por sus caminos y senderos. Podemos perfectamente imaginar a Walter Benjamin, berlinés, pasear (y también ciertamente “perderse”) por estas mismas veredas y atajuelos -la fantasía de tan lógica y razonable ni siquiera puede calificarse de tal-, mientras piensa y medita lo bien que sabe “pintar” la naturaleza. De hecho en esa obra tan hermosa y entrañable que es “Calle de dirección única” leemos una frase/idea que, escrita muchos años después de los juveniles paseos del filósofo por el “Tiergarten”, nos ayuda bastante para mejor comprender la potente y compleja singularidad de estas fotografías: “La técnica no es, en cuanto tal, el dominio de la naturaleza, sino el dominio de la relación de la naturaleza con lo humano”. Así es, en efecto, pues si hablamos de “dispositivo fotográfico” hemos de referirnos ineludiblemente también a la técnica y su no relación con la naturaleza. De ahí que estos bellísimos y rotundos dípticos establecen, y como bien dice Benjamin, una especie de dialéctica de la naturaleza con lo humano. O lo que es lo mismo, la artista ejerce de médium entre ambas realidades, pues la obra existe porque su creadora ha puesto de acuerdo a la naturaleza con su humana interpretación. De ahí que esté plenamente de acuerdo con esta frase de Semiramis González que leemos en el texto de presentación: “Es un retrato que va más allá del retrato, un reflejo de los deseos de quienes miramos, del terreno de lo simbólico y lo pasional”. 
No es equivocado hablar de estas fotografías como “pintura” realizada por otros medios. Tampoco sería una figura retórica propia de la escritura discursiva, ni mucho menos una irónica boutade descriptiva. Estas “pinturas” –que no son nada románticas: en el siglo XXI tal calificación únicamente puede servir para contextualizar desde el sentimentalismo histórico, para no para defenderlas desde la complejidad de nuestro presente- han sido realizadas con los ojos de una artista que, aun utilizando siempre la práctica fotográfica, conoce lo que es el dibujo, y el plano pictórico, y la especulación sobre la utilización del color, y las innumerables estrategias compositivas que se organizan dentro de una mirada creativa. Quiero decir: cuando Amparo Garrido acciona el clic de la cámara está poniendo en movimiento igualmente un saber y un conocimiento que va mucho más allá, en amplitud y densidad, de lo que nos pueda ofrecer una compleja y sofisticada técnica fotográfica. Con otras palabras: el clic también pinta. Naturalmente, esta bella serie son fantásticas fotografías que conceptualmente abarcan muchas otras formas de crear. Son pinturas mentales que también han superado el reduccionismo de las definiciones. En su sentido más humanamente ontológico “Son” y “Están”.